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     Bujalance                    Número 45, marzo 2003

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                                Vida

Los nombres de personas deberían poderse elegir a voluntad, llamarse de una manera que trajese ventura, buscar un nombre que correspondiese a la forma de mirar, a la fonna de amar, de escuchar, de soñar...

Tuve una prima que se llamó Toñi, aunque debió llamarse VIDA. Ella no era de nadie y nos perteneció a todos los que la conocimos. Pobló, como ella sabía hacerlo, de afectos nuestra familia, sus amigos, sus conocidos... nuestro mundo, su mundo. Escribiendo las páginas de su corta vida de sinceridad y amor. Su tiempo entre nosotros fue luz, alegría compartida, diálogo franco sin ataduras. Tenía una energía alegre que la empujaba a la vida, a los descubrimientos, ampliando cada vez más el radio de sus incursiones, tiraba siempre de mí, incitándome a la aventura, al diálogo, a la vida. Yo era siempre en los juegos infantiles la temerosa, la cobarde, ella la osada, la audaz, la atrevida.

Supiste siempre de mis temores y desvelos hacia ti, te advertíamos todos de tu desmesurada confianza hacia los demás. Tu limpieza de corazón era enorme. "No seas tan confiada" te repetíamos machaconamente; tú nos sonreías sin inmutarte, razonándonos que una vida sin entrega no merece la pena vivirla. Los ilusos éramos aquéllos que le advertíamos sabiendo, como siempre que ella tenía razón. Tu mejor regalo fue vivir entre nosotros, conocerte, ser parte de tu vida y tú de la nuestra; el mejor regalo nunca recibido.

No volverán los días en los que hacíamos de cada canción un himno, distrayéndonos matando las horas, pasando las tardes de verano, agotando la vida Desde aquí invento el mundo de nuevo, y viajo en un suspiro, vuelvo a nuestra niñez, a nuestros juegos, salgo al encuentro tuyo, y te veo como siempre acalorada compañera; noto que sonríes y te llamo "¡ Toñi, espera!"y tú indisciplinada te desvaneces y me pregunto en silencio por qué te has ido.

¡Cuándo te añoro! Mientras ordeno mis pensamientos las lágrimas inundan mis ojos y el dolor de la desesperación se hace cada vez más agudo, al saber que nunca más volveré a ver: esa ráfaga de aire fresco, esa inquietud constante, esa audacia, esas ganas de vivir sin complejos lleno de plenitud, de inocencia, de candidez.

Me gusta pensar que fuiste feliz, que el dolor nunca se detuvo en tu vida, aunque a veces sí que lo hizo. Te quise con torpeza, con reproches constantes por su generosidad desmedida, por su falta de egoísmo. Algunas noches nos solprendia el alba contándonos secretos que sólo la noche invitaba a hacerlo. Te quiero mucho, eres lo mejor que he conocido, quizá nunca te lo llegué a decir. iQué error!

Cuando te convoco, no acudes, y no siento ya tu presencia cercana, tu voz alegre y cantarina, me encuentro huérfana y pérdida para siempre .Sigo pensando cada día en ti, reclamando con vehemencia a Dios tu compañía; no responde. Te la has llevado y nos la has quitado, lo has hecho de manera implacable, sín aviso.¿Por qué no retenemos a nuestro lado a las personas que queremos? Ofii nos dejó una mañana, su ruta había terminado y comenzó otro largo viaje que le conducirá a un paisaje definitivo y eterno; su corazón quedó roto para toda la eternidad y el mío también en el mismo momento que tuvo que abandonarnos.

El tiempo pasa, los años que huyen desbocados dejando su huella en nuestros cuerpos y corazones, seguro que mitigará el dolor primero que se desvanecerá y que en ningún caso anticipará el olvido. Cuando cada mañana salga el sol, el mundo cambiará el color y avivará de nuevo todo y tú estarás en esos colores como parte de esa vida infinita y presente que eres. No me importa, hermana mía, que el tiempo diluya tu recuerdo, porque tú me acompañarás siempre en mi memoria y en los gratos y bellos recuerdos que habitan serenos en mi corazón.

                                                                                    Remedios Ruiz

 

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