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     Bujalance                                                          Boletín Local de Información                                    Número48, agosto 2007
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                         Páginas Literarias

            

año 2006
Buenos Aires ---- Argentina
Premio participación en la "NUEVA ANTOLOGIA DE HABLA HISPANA 2006"
"XIV Certamen Internacional de Poesia y Narrativa Breve"
Editorial Nuevo Ser
2 CUENTOS BREVES:
* TALISMAN
* EL COLCHONERO

 

 
                              TALISMÁN
 
El río mecía suavemente los camalotes que cabalgaban las pequeñas olas alumbradas por el titilar de las estrellas. El monótono golpeteo de los remos y la respiración acompasada del pescador guiando con destreza la embarcación en pos de la costa y luchando contra la corriente que aunque invisible trata infructuosamente de arrastrarlo aguas abajo. Luego los remos se detienen abruptamente cuando la proa roza la playa dejando escapar un corto quejido de las maderas arañadas por la arena.
Manuel regresaba al campamento situado en lo alto donde no llegan las aguas en las crecientes. Fue allí donde su padre don Carlos construyo un refugio amplio y prolijo para albergar a su esposa y su pequeño hijo. El eligió este lugar porque era parte de un paisaje espléndido con grandes extensiones cubiertas por vegetación y bajo la cual la maleza como una alfombra llegaba hasta el agua. Por la mañana un coro de vida te despertaba donde predominaban las aves con sus trinos y el los días de cambio de tiempo los monos aulladores gritabas sobre las copas de los sauces y alisos, allí la vida se manifestaba a cada paso.
Un día apareció un gran cartel que declaraba a la franja costera como Zona Industrial. Pronto se edificaron fábricas, astilleros y frigoríficos con la idea que esto traería el progreso a la provincia y el esperado trabajo a las personas del lugar.
Ya no estaban solos los pescadores, el predio se pobló de camiones, cañerías y humo.
Pasaron los años y algunas de las industrias como la curtiembre “Oeste” cerraron y quedaron abandonadas las oficinas, los galpones y las cisternas donde trataban los desperdicios líquidos antes de arrojarlos al río, pero aun así en días ventosos se puede sentir el bao picante y nauseabundo que hace arder los ojos y la garganta.
Pero a Manuel solo le preocupa la falta de peces, era el oficio enseñado por su padre, al cual acompañaba en sus tareas hasta que enfermo de los pulmones, igual que su madre y ambos terminaron muertos, - Es el humo de las fábricas - dijeron los doctores.
El muchacho era joven pero con años de trabajo arduo que tiñera su mirada de incertidumbre y despobló sus pensamientos de sueños esperanzados, pues a pasado los últimos meses tratando de atrapar algunos peces con la red y no lo a logrado aun triplicando el esfuerzo. Cada día ha visto como las pequeñas boyas amarillas desaparecen rápidamente bajo el agua, arrastrados por los plomos. Manuel había estado sentado y quieto esperando el momento de levantar la red cuando llegara a la señal prefijada, solo se movía para dar un golpe de remo y corregir el rumbo mientras sus pensamientos lo arrastraban por los recuerdos de leyendas oídas, escudriñando en los comentarios hechos en días de reuniones, tratando de descubrir la palabra, el hecho mágico o el elemento preciso que le devolviera el don de atrapar esas presas escurridizas.
El nuevo amanecer lo encontró meditando, sentado en la costa viendo como su embarcación se sacudía con violencia a causa de la tormenta que había llegado al alba.
- Con esto se empeoro las cosas!- pensó y se dirigió a un grupo de pescadores que como el sufría del mismo problema; alguno recordaron a años anteriores cuando ocurría algo similar, colgaban sus herramientas y se empleaban en las empresas del lugar.
Pero el se negaba a apartarse del río, convencido que hallaría remedio a la situación. Después que el grupo se desmembró quedando solo en el arenal, con don Benigno habitante de la isla de enfrente, que entre relatos, chistes e historias fantásticas, contó al muchacho que su abuelo extraía de la cabeza del Dorado un huesillo conocido popularmente con el nombre de San Antonio, que extraído de acuerdo a un ritual ancestral, adquiría el poder de convertirse en el mas poderoso talismán para la pesca.
Esta idea encendió una hoguera en su mente, allí estaba lo que tanto busco, aquella era la solución definitiva y el comienzo de un futuro promisorio.
Luego de disimular la prisa se alejo con la promesa de volver.
Estando en su rancho farfullaba y revisaba el equipo que tenia para la pesca de costa, anzuelos, cambiadores, patejas, líneas y demás, luego acomodo todo en un zurrón y se dirigió a buscar carnadas con su tarraja a corta distancia de su hogar en un diminuto estero, mientras esperaba que aminore la tormenta.
Amaneció gris y aunque la calma no era total el peligro había pasado.
Al medio día después de remar toda la mañana río arriba, se detuvo en el extremo sur de la Isla Grande. Bajo todas sus cosas con premura y tiro seis líneas encarnadas con cascarudos. Seguidamente corto ramas, coloco sobre estas un trozo de carpa, junto leña y encendió una hoguera. Una hora después se sentó a esperar mientras fumaba un cigarro y bebía unos sorbos de caña en su precario campamento. Pasaron las horas y todos los peces que atrapaba los devolvía como dictaba el rito. Un tirón de una de sus líneas hizo replicar la campanilla de alerta, esto lo saco bruscamente del sopor, con movimientos apresurados atrapo la tanza con fuerza y comprobó que la presa estaba atrapada; allí se inicio una lucha que se extendió por varios minutos. En la desesperación de sentirse prisionero el animal dio un desesperado salto fuera del agua y Manuel pudo ver un resplandor de cobre y oro en sus escamas, un sentimiento de júbilo elevo su estima, mientras recogió al Dorado vencido en la batalla por la libertad. Manuel repetía las mismas palabras una y otra vez, primero como un susurro y luego se fue elevando hasta convertirse en un grito “la mitad del camino esta recorrido, tengo el animal que posee el hueso mágico, desde ahora el boleto de ida hacia la gran cosecha de peces”. Siguiendo estrictamente el ritual que le expresara el anciano, obtuvo el talismán y luego devoro con ansias la carne como lo dictara la leyenda.
Mientras comía pensaba sobre su sabor era delicioso como de los peces de la laguna interior de la isla, su textura es más suave, su color más agradable. Allí la pesca era magnifica, y se quedo por unos días a disfrutar de la naturaleza.
Todo estaba dispuesto para volver, tenia el talismán dentro de una bolsita atada a la canoa. Luego de varias horas diviso el paisaje cotidiano de las inmediaciones de su casa.
Primero divisó el caño del desagüe principal de las cloacas de la ciudad, mas allá esta el puerto de la industria química y entre este y el frigorífico la curtiembre.
Paso lentamente frente a estos caños color ocre que se sumergían en el agua. Algunos de ellos perforados por el oxido, se podía apreciar en su interior el fluir de una cantidad imprecisa de liquido fétido y oscuro que descendía hacia el río, en todo ese sector las hiervas estaban secas.
Todos los días veía lo mismo y no prestaba mayor atención a la acostumbrada desolación del paisaje, que se fue degradando con el pasar de los años y hacia mucho que las aves y los monos se habían retirado de la región, pero eso no lo preocupaba, solo los peces lo mantenían alerta.
Preparo todo para el amanecer, el día estaba calmo. Se dirigió al a señal de inicio y echo la red al agua.
Espero veinte minutos que duraba su red para recorrer ‘la cancha’ según la jerga pescadora llaman a una sección del lecho del río libre de trabas las que fueron retiradas precedentemente para tal fin. Las manos traspiradas y la boca seca como evidente señal de la ansiedad que le daba estar atento a la marca que fijaba el final de la labor que generalmente es alguna chimenea que sobresale en la ciudad.
Sonreía constantemente como saboreando de antemano el logro que se suscitaría pronto.
-Ha llegado el momento!- pensó y se aferró con energía a la boya de la punta y comenzó a izar la maya y a depositarla desordenadamente en la tabla fija sobre las cuadernas de su canoa.
Una, dos, diez brazadas de hilos enmarañados y ningún pez! Pero se calmo un poco pensando que con todo los metros que aun faltaban en recoger alcanzaban para marcar el triunfo. Cuando hubo sacado más de la mitad la duda comenzó a corroerlo y de la tímida incertidumbre paso a la zozobra mas descarnada ya que antes de concluir su labor pudo comprender su total fracaso.
-En que he fallado?- se preguntaba entre lagrimas, mirando con tristeza el agua.
Pero lo que no podía comprender Manuel es que los peces que no habían muerto emigraron lejos de la contaminación como las aves y los monos, pues casi nunca prestaba atención del reclamo que se oía en la radio de los grupos ecológicos, y cuando lo hacia era para mofarse de los anuncios asegurando - Esa es otra manera de timar a la gente! Su descreimiento sumado a su desinformación lo convirtió en cómplice paradójicamente del problema que desbastaba su hábitat y su trabajo.
Lo que allí aprendió Manuel es que los peces no eran más escurridizos que antes y no necesitaba un talismán para atraparlos, porque no estaban allí, lo que necesita el lugar era un plan de protección ambiental.-

                                                                Roberto Attias
 
               Roberto Attias 

 

           Fontana-Chaco-Argentina 
http://escribeya.com/robertoattias
http://letrasderoberto.blogspot.com

                                                                       

                 Culebrinas (II) 

  ¡... Nuestros muertos!                  

Aunque soy ateo (gracias a Dios), no puedo por mas que considerar que “..El que a hierro mata a hierro muere..”, llorar sobre los llantos, sufrir sufre el sufrimiento y preguntarme.. ¿Porqué sus muertos..?, ¿Porqué nuestros muertos?... ¿No podrían los “monstruos de la guerra” devorarse a sí mismos?. No pagan las culpas los culpables, ni ayean sus conciencias.

Dicen salvar al mudo pero nadie sabe de qué.., Dicen buscar la paz y solo hacen la guerra.. . Dicen ser creyentes y atentan contra la vida.. . Dicen luchar contra el terrorismo y siembran el terror... . ¿Que diferencia existe entre sus muertos y nuestros muertos?. ¿Acaso unos de los dos no tienen padre, ni madre, ni hermanos, ni amigos....?. ¿No son sus lagrimas iguales que las nuestras?. ¿No son sus ayes iguales que los nuestros..?, pues ¿Que son..?. La mentira no es buena (ni siquiera la piadosa). La mentira no es buena (ni siquiera las que dicen en “nuestro beneficio”). La mentira,... ¡no es buena!.., venga de quien venga, salga de quien salga. La violencia no es buena, hágala quien la haga, y, los muertos son lamentos, sean del bando que sean. En mis años mozos aprendí una frase que hoy toma mas fuerza que nunca..: “Haz el amor y no la guerra..”.

 

¿De quien son los muertos..?

¡..sus muertos!

¡… nuestros muertos!

 

¿Quién cabo la fosa?

¿Quién hizo que fueran

nuestros muertos....,

…sus muertos?

 

¿Quién vendió la paz?

¿Quién compro la gloria?

¿Quién vino a matar

a nuestros muertos.. ,

…sus muertos?

 

¿Son treinta monedas?

¿Son treinta barriles?

¿Son diez mil soldados?

¿Son diez mil mentiras

sobre nuestros muertos..,

…sus muertos?

 

Camisas azules,

patrioteros fascios,

“banderas al viento”…

¿Quién compró la gloria..?

¡…. nuestros muertos!

¡….sus muertos!....

 

¿Quién tiñó las noches

de bombas infames?

¿Quién reparte el hambre?

¿Quiénes califican el caos, la masacre,….

con el adjetivo de colaterales?

¿Quién compró la gloria?

¡..sus muertos!

¡… nuestros muertos!.

 

¿Quién le puso al alba

colores de sangre?

¿Quién mato la paz?

¿Quién vino a llorar

con nuestros muertos..,

…. sus muertos?

                      Ordep Osonier                    

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